Por el amor de.: Luchando por la gracia en un mundo de estándares imposibles

Por el amor de.: Luchando por la gracia en un mundo de estándares imposibles

by Jen Hatmaker

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Overview

La popular escritora, blogger, y personalidad de televisión revela con humor y estilo de cómo la gracia de Jesús es la clave para lidiar con el mayor reto en la vida: la gente.

La mayoría de nuestras alegrías, luchas, emociones y angustias vienen de relacionarse con la gente, comenzando primero con nosotros mismos y luego la gente que conocemos, al casarnos, al nacer, al vivir, en la iglesia, con la actitud de no me gusta, no entiendo, el miedo, las luchas, las comparaciones y las criticas. Las personas pueden ser lo mejor y lo peor de la vida.

Jen Hatmaker sabe esto muy bien, y por eso revela cómo practicar la bondad, la gracia, la veracidad, la visión y el amor a nosotros mismos y a los que nos rodean.

De esta manera, "Por el Amor" conduce a nuestra generación a re-imaginar la gracia de Jesús como una forma de vida, y lo hace de una manera divertida pero profunda que a los lectores cristianos les encantará.

 

Product Details

ISBN-13: 9780718035778
Publisher: Grupo Nelson
Publication date: 08/18/2015
Sold by: HarperCollins Publishing
Format: NOOK Book
Pages: 240
File size: 583 KB

About the Author

Jen Hatmaker y su esposo Brandon pastorean una Iglesia Austin, Texas. Fueron pioneros conectando a las iglesias en Austin con las organizaciones no lucrativas locales y globales para  la renovación social de Austin y más allá.

Jen es muy solicitada para conferencias y seminarios en todo el país. Es autora de nueve libros y de estudios bíblicos, incluyendo "Interrupted", Guía de una mujer moderna, con una Serie de Estudios Bíblicos, y su libro más reciente, "Seven".

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Por el Amor de ...

Luchando por la Gracia en un Mundo de Estándares Imposibles


By Jen Hatmaker, Graciela Lelli, Loida Viegas

Grupo Nelson

Copyright © 2015 Grupo Nelson
All rights reserved.
ISBN: 978-0-7180-3577-8



CHAPTER 1

La peor barra de equilibrio


Mi hija Remy, de nueve años, hace gimnasia. Tras su segundo entrenamiento preguntó cuándo tendría su primera competición. ¡Qué cielo de criatura! Nadie podría acusarla jamás de tener una baja autoestima. (Ahora está decidiendo entre un futuro como gimnasta profesional o cantante, y si se me permite, ¿podría decirte que tanto el plan A como el plan B están condenados al fracaso?)

Con lo que más lucha es con la barra fija. No se sabe con claridad quién inventó este aparato particular, pero desde luego no fue la madre de una desgarbada estudiante de tercer grado con delirios de grandeza. Todavía sigue intentando llegar de un extremo al otro con unas cuantas "flexiones", "posturas" e "inclinaciones" sin caer sobre la colchoneta. Olvídate de las filigranas; cualquier cosa que sea un poco más que caminar ya la descentra por completo, y yo empiezo a preguntarme cómo se las va a arreglar para convertirse en gimnasta olímpica, y además con una carrera musical.

Si yo tuviera que recitar las preguntas clave que me suelen formular en entrevistas, conversaciones y correos electrónicos, con toda seguridad incluiría esta:

¿Cómo consigue equilibrar trabajo, familia y comunidad?

Y en cada una de esas ocasiones, pienso: ¿Acaso me conoces? Equilibrio. Es como el unicornio; hemos oído hablar de él, todo el mundo habla sobre él y se fabrican camisetas pintadas con aerógrafo que lo celebran. Parece estupendo, pero en realidad nunca hemos visto uno. Estoy empezando a pensar que no existe.

Y esto es parte del problema, chicas: se nos ha dado gato por liebre. En el pasado las mujeres no sudaban la gota gorda para lograr una vida desarrollada de forma impresionante en ocho categorías distintas. Nadie construyó infancias de cuentos de hadas para su prole, desarrolló un conjunto innato de talentos personales, fomentó una carrera estimulante que transformara el mundo, creó hogares asombrosos y patios panorámicos, proveyó alimento casero para todas las comidas (con ingredientes locales, por supuesto), mantuvo encendidos todos los fuegos del matrimonio, sustentó relaciones llenas de sentido en varios entornos, ansió tener mucho tiempo para "el cuidado de sí misma", sirvió a vecinos/iglesia/mundo, y mantuvo una relación satisfactoria y activa con Jesús, nuestro Señor y Salvador.

No se puede equilibrar este trabajo que describo.

Escúchame: no hay quien pueda con esto. Nadie lo está haciendo. Las mujeres que parecen cabalgar sobre este unicornio solo exhiben las mejores partes de sus historias. Créeme. Ninguna puede fragmentar su tiempo y su atención en tantísimos segmentos.

El problema es que tenemos un acceso muy próximo a mujeres que destacan en cada esfera individual. Con las redes sociales y sus mensajes cuidadosamente escogidos, vemos a mujeres profesionales que lo hacen estupendamente, madres con oficio que lo hacen fenomenal, madres cocineras que lo hacen a la perfección, y líderes cristianas que lo hacen requetebién. Tomamos nota de sus hermosos patios, sus enchiladas caseras de chile verde, sus fiestas temáticas de cumpleaños, sus series de estudio bíblico de ocho semanas, sus gráficos de tareas, sus tablas de abdominales, sus "10 consejos para un matrimonio feliz", las mejores prácticas profesionales, sus trabajos voluntarios y sus ideas para una noche divertida en familia. Apuntamos sus logros catalogando sus éxitos y observando sus talentos. Luego combinamos lo mejor de todo lo que vemos, de cada mujer que admiramos en cada género, y concluimos: Yo tendría que ser así.

Esto es declaradamente descabellado.

Y lo único peor que este nivel inalcanzable es la culpa que viene a continuación cuando la perfección demuestra ser imposible. Hermana, ¿podría haber mayor locura que una mujer que despierta a sus hijos antes de que sea de día, les dé de comer y de beber mientras escucha y confirma todo su parloteo, los viste y salen para la escuela con carpetas firmadas; luego tal vez se dirige a un trabajo para poder alimentar a su familia o se queda en casa para criar a unos pequeños que no pueden ni limpiarse, realiza un millón de tareas domésticas que se multiplican como duendecillos, desarticula cuarenta y cuatro peleas, disciplina intencionadamente unas doscientas noventa y tres veces al día, atiende todos los correos electrónicos/correspondencia/ plazos, ayuda con los deberes de matemáticas/escritura/biología, sirve la cena mientras organiza una ronda de "Altibajos", supervisa la Hora de Acostarse y el Maratón del Baño, les lee amorosamente a sus hijos en su regazo, los mete en la cama recitando sus oraciones, acaba la infinita Recogida de Cachivaches y Cosas Desparramadas por todas partes, presta atención a su marido ya sea con la mente o con el cuerpo, y después tiene el último pensamiento del día: Lo estoy haciendo fatal en todos los ámbitos.

Siento que me estoy volviendo loca.

Esto supera lo irracional. Es destructivo. Ya no evaluamos nuestra vida con precisión. Hemos perdido la capacidad de declarar que un trabajo está bien hecho. Medimos nuestra actuación contra un nivel inventado y no damos la talla, y esto destruye nuestro gozo. A pesar de lo duro que trabajemos o nos destaquemos en un ámbito o dos, nunca parece ser suficiente. Nuestros principales defectos son el agotamiento y la culpa.

Mientras tanto, tenemos una vida hermosa que suplica que la vivamos, que la disfrutemos, que la aplaudamos de verdad, y esto es más simple de lo que osamos esperar: tenemos que descargar la barra.

No podemos hacerlo todo, tenerlo todo ni dominarlo todo. Sencillamente no es posible. ¿Puedo decirte algo? Dado que las mujeres me preguntan constantemente cómo puedo "hacerlo todo", permíteme aclarar algo: TENGO AYUDA. Mi representante editorial organiza los eventos, mi agente literario se ocupa de la publicación, mi persona técnica hace todo lo de Internet, mi extraordinaria empleada doméstica hace en dos horas lo que yo haría en doce, y nuestra niñera a tiempo parcial rellena los huecos.

No lo estoy haciendo todo. ¿Cómo podría? Tú tampoco puedes. Yo decidí lo que tenía que estar sobre mi barra y dejé caer el resto o busqué una forma de delegar. Me encanta escribir, pero odio la gestión de la página web. ¡Fuera de la barra! No podía compatibilizar los viajes de fines de semana, las actividades nocturnas entresemana (multiplicado por cinco niños ... ¡ten misericordia, Jesús!), y un grupo pequeño semanal; así que por mucho que ame a la gente de nuestra iglesia, de momento no estamos en ningún grupo. (Y eso que soy la esposa del pastor, así que deja que esto te proporcione libertad sobre los deberes que te impones). ¡Fuera de la barra!

¿Cocinar y cenas formales? Me dan vida. ¡Sobre la barra!

¿Tomar café con todos los que quieren "escarbar en mi cerebro"? Sencillamente no puedo. ¡Fuera de la barra!

¿Pasar el rato en el patio con nuestros mejores amigos fuera de hora? Un deber. ¡Sobre la barra!

¿Mamá en clase? No tengo esa aptitud. ¡Fuera de la barra!

Tú también tienes que actuar así. Tienes permiso para exa minar todas las situaciones y decidir qué debe quedarse. ¿Cuáles son las cosas que te encantan? ¿Qué se te da bien? ¿Qué te aporta vida? ¿Qué tiene que quedarse durante esta época? No mires a un lado y a otro antes de contestar. No trasplantes a tu propia barra lo que haga otra persona. Yo podría pasarme días y días cocinando, pero esto no significa que tú quieras hacerlo. Ser una mamá en clase me provocaría una crisis de nervios; para ti puede ser lo más destacado del año. Tienes que ser tú. El día solo tiene veinticuatro horas.

Tenemos que dejar de intentar ser asombrosas y en su lugar ser sabias.

Decide qué partes te están agotando y secando. ¿Qué temes?

¿Qué estás incluyendo por razones equivocadas? ¿Qué partes merecen ser aprobadas? ¿Hay algo que podrías delegar o rechazar? ¿Podrías sacrificar un Bueno por un Mejor? Echa fuera cada debería o no debería, y corta por lo sano. Adelante. En tu barra hay demasiadas cosas. Lo sé.

Encuadra tus elecciones a través de esta lente: etapa. Si tus hijos son menores de cinco años, no hay forma de incluir cosas que serían posibles con estudiantes de grado medio o de la escuela secundaria. Te gobierna un diminuto ejército que tú misma creaste. Las cosas son exactamente así por el momento. Si tienes niños mayores como es mi caso, prácticamente todos los días, de cinco a nueve de la noche, somos taxistas. Las tardes son para la familia. Dentro de diez años, cuando se hayan ido, la historia cambiará (sollozo). Tal vez tengas un truco fabuloso que ya no funciona y podrías necesitar dejarlo a un lado por un tiempo. Esos son los cortes que más cuestan. Las elecciones que hagas hoy pueden modificarse por completo en cinco años, o incluso en el próximo año. Intervén ahora mismo.

¿Qué exige de ti esta etapa? ¿No lo tienes claro? Pregúntale a Dios. Él es un maravilloso consejero que siempre, siempre sabe qué es lo mejor. Él te ayudará a resolverlo. Cuando no puedas confiar en tu propio discernimiento, puedes fiarte por completo de él. Dios no tiene otro programa que no sea tu mayor beneficio en su reino. No hay mejor guía para cruzar este campo de minas.

Trabajé en la decisión de hacer un programa el año pasado, y el drama que proyecté fue indudablemente aburrido. Me preocupé, me angustié y vacilé antes de acordarme de orar. (Soy la mejor elección si necesitas una asesora espiritual, ¿verdad?) No estoy bromeando: por fin le entregué la decisión a Dios, y cinco segundos más tarde, lo tenía todo instantáneamente claro. La respuesta fue "no" y probablemente me salvó la vida.

Por cierto, nadie tomará esas decisiones por ti. Las personas absorberán tanto como les des, no porque sean seres humanos terribles, sino porque solo quieren esa única porción de ti. No les parece mucho. Sobre el papel, solo es esa cosa, esa noche, ese compromiso. Además, es probable que se te dé bien ser su mascota. Sin embargo, no observan el alcance de tu vida y las otras muchas distracciones que hay sobre tu barra. Solo quieren esa pizca/cucharada/bocado, pero cada día tiene su cupo.

Buenas noticias: la mayoría de las personas son sorprendentemente respetuosas con los límites. Las personas se toman un "no" mejor de lo que yo sospechaba. Cuando digo: "Gracias por invitarme a esta cosa tan buena tuya. Es tan extraordinaria como tú. Pero cada nuevo "sí" que doy significa un "no" para mi familia y para mi cordura. Por favor, acepta mi pesar más sincero y cuenta con mis oraciones", la mayoría de las personas son sorprendentes. Puedes decir que no y nadie se va a morir. De hecho, los "no" elegantes desafían el mito de Hacerlo Todo. Cuando veo a otra mujer peleando por su barra de equilibrio, me siento inspirada, porque si ella tiene permiso, yo también. Las mujeres sabias saben a qué aferrarse y qué soltar, y cómo caminar con seguridad en sus elecciones: sin pesar, sin disculpas, sin culpa.

Creo profundamente que Dios quiere esa libertad para nosotras. Las Escrituras nos instruyen para que vivamos gozosas, resistiéndonos a la inquietud y creyendo que Jesús nos libera por amor a la libertad. Tenemos una abundancia de buenos y perfectos dones que a menudo se ven como una casa desordenada llena de risas, un niño de diez años cruzando el chorro de un aspersor, un corazón que no se carga por la comparación, una siesta por la tarde, el gozo de usar nuestros dones dejándoles el resto a otros más capacitados. Nuestra generación está tan frustrada con el esfuerzo y la culpa que ya no reconocemos los buenos y perfectos dones de Dios aun teniéndolos delante de las narices. ¡Qué tragedia! ¡Qué pérdida! Jamás volveremos a recuperar estos maravillosos años.

Así que, no, no puedes hacer equilibrio sobre una barra sobrecargada. No es posible. No obstante, tal vez si rechazamos el nivel inventado, si dejamos de temer que un "no" pueda acabar el mundo, si reducimos nuestra vida a lo que es hermoso, básico, lo que da vida, si nos negamos a culparnos los unos a los otros por elecciones distintas y si celebramos los logros decentes de la Buena y Dura Vida Ordinaria, entonces descubriremos que en primer lugar no había barra, que el reino de Dios nunca ha exigido un acto de equilibrio, y que Jesús estaba con nosotros dentro de ese pozo lleno de espuma divertida.

Todas somos promesas olímpicas en ese evento.

CHAPTER 2

Al cumplir los cuarenta


Estoy experimentando un trauma y no estoy segura de lo que debo hacer. Me toma constantemente por sorpresa, me asalta de improviso cuando estoy desprevenida. Cada vez, me quedo tambaleándome y necesito acostarme para recuperarme. No me acostumbro a ello, y cada vez que sucede es como la primera vez.

Sigo viendo las manos de una vieja que salen de mis mangas.

Ahí estoy, haciendo mi trabajo, y ¡PUM!, las manos de la vieja tecleando. Alargo el brazo para agarrar mis platos y ¡CATAPLUM!, las manos de la vieja cocinando. Esas manos me desconciertan mucho, con sus venas, sus manchas, su piel floja. ¿Pero qué demonios es esto? ¿A qué abuela pertenecen esas manos que llevan mis joyas? Y de forma más concreta, ¿cómo se han reubicado estas manos, exactas a las de mi madre, en mi cuerpo? Mi amiga Tray fue a la escuela secundaria con una mujer que estaba convencida de que el gobierno había trasplantado unas manos distintas en su cuerpo por alguna conspiración (¡Dios mío!), y aunque me río entre dientes, en secreto estoy pensando: ¡Ajá! Todo empieza a tener sentido.

Este año cumplí los cuarenta.

¡Cuarenta! Es muy extraño, porque yo he sido siempre joven. En realidad he sido joven toda mi vida. Independientemente de cómo diseccione todo esto, he envejecido viéndome obligada a salir de la categoría de "joven" para graduarme en el grupo "intermedio". Mi cerebro se siente confuso por ello; ¡y es que soy tan juvenil! Convierto mis propias palabras en canciones de hip-hop y cito a Paul Rudd como estrategia de educación. Con toda seguridad, soy una preadolescente. Pero muy al estilo de Shakira: estas manos no mienten.

Así que agrúpense a mi alrededor, jovencitas, porque sé que me ven mayor. Ustedes creen que la cuarentena es algo tan distante que no se puede comprender, aunque las matemáticas básicas confirman que está ... pongamos que a unos meros once años. Cuando tenía veintitantos, me compadecía de las personas de mediana edad, porque era evidente que tenían un pie en la tumba. Nunca tendré cuarenta años, pensaba mi joven y engañado "yo". Siempre tendré este cuerpo elástico y manos de bebé recién nacido. Mi frente amanecerá cada mañana besada por un ángel. Iré a hacer pis solo si quiero y cuando quiera.

Pues bien, permite que yo y mis colegas de cuarenta y tantos te hablemos de esto. No pretendemos aterrorizarte, pero necesitas saber algunas verdades. No queremos que dentro de once años llores retorciéndote las manos y digas: "¡Nadie me lo dijooooooo!". De modo que agarra una pluma mientras te vas preparando para algunas cosillas.

Algo raro le ocurre a tu cerebro. Te ha servido bien durante mucho tiempo, pero empieza a hacerte algunas trastadas. No consigues recordar direcciones, olvidas por qué entraste a una habitación y por tu vida que no consigues recordar el nombre de tu tercer hijo ("Saca la basura ... hmm ... quiero decir ... ¿Chris?"). Hablarás por tu teléfono móvil mientras lo estás buscando por toda la casa. Nadie te ayuda, porque todos se están riendo de ti; esas personas con las que vives se burlarán de tu conducta. En ocasiones tu marido pronunciará una frase, pero, por alguna razón, no la procesarás y te quedarás mirándolo fijamente, en blanco, como una lechuza, porque las palabras son muy confusas. ¿Qué está intentando decir? ¿Qué son esas palabras? ¿Será una broma? Hablar es difícil.

¿Y qué decir del aprendizaje? Que el cielo te ayude si necesitas aprender algo nuevo. A esas alturas, la educación es una pérdida de tiempo. Tu cerebro no te ayuda. Está acabado. Ya te llevó a la universidad e hizo el trabajo pesado durante los últimos veinte años; ahora se ha tomado un receso para fumarse un pitillo. Esto es una desgracia, porque es alrededor de ese tiempo que regresas a la escuela intermediaria y secundaria con tu prole. Se espera que ayudes con el álgebra y la química, y que recuerdes todas las cosas, pero tu cerebro se parece al fondo de tu bolso: capuchones extraviados de bolígrafos y basura solidificada. Se siente furioso por los deberes de química. Se enfada por estas nuevas matemáticas. No le gustan estas chorradas. Quiere tomar una siesta mientras estos niños sacan solos las castañas del fuego. Tu cerebro ya acabó el undécimo grado. Ha cumplido su tiempo.


(Continues...)

Excerpted from Por el Amor de ... by Jen Hatmaker, Graciela Lelli, Loida Viegas. Copyright © 2015 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
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Table of Contents

Contents

Introducción, xv,
Tu propio yo,
1. La peor barra de equilibrio, 1,
2. Al cumplir los cuarenta, 8,
3. Sobre la vocación y las madres haitianas, 15,
4. Preocupaciones por la moda, 22,
5. Corre tu carrera, 28,
6. No comprar, 33,
7. Di la verdad, 41,
8. Notas de agradecimiento (Parte 1), 48,
Toda esa gente que vive en tu casa,
9. Esperanza para las familias picantes, 55,
10. Sobrevivir a la escuela, 61,
11. Amados hijos, 68,
12. El matrimonio: Diversión y sustancia, 75,
13. Niños de Jesús, 84,
14. Notas de agradecimiento (Parte 2), 93,
Amigos, vecinos, extraños y enemigos,
15. Club de cena, 99,
16. Porches como altares, 108,
17. Poco convencional, 114,
18. Personas difíciles, 124,
19. Bono para un menú en el club de cena, 133,
20. Notas de agradecimiento (Parte 3), 138,
Iglesia, gente de la iglesia, gente que no pertenece a la iglesia y dios,
21. Turismo de pobreza, 145,
22. Amada iglesia ..., 152,
23. Si estuvieran por aquí las redes sociales, 165,
24. Notas de agradecimiento (Parte 4), 175,
25. Queridos cristianos, dejen de ser patéticos, 180,
26. Sobre las mujeres, 189,
Conclusión, 197,
Notas de agradecimiento reales (Reconocimientos), 201,
Notas, 209,
Acerca de la autora, 213,

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