Calila y Dimna

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Estas fábulas fueron traducidas del árabe por orden de Alfonso el Sabio. Se supone que proceden de la India y que fueron difundidas en Occidente por el Islam. Destacan por su enorme plasticidad narrativa, la ironía y el juego con el tiempo, el lenguaje y la moral.

Product Details

ISBN-13: 9788496428645
Publisher: Linkgua
Publication date: 02/05/2007
Series: Narrativa
Pages: 172
Product dimensions: 5.50(w) x 8.50(h) x 0.43(d)

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Calila y Dimna. Este Libro es Llamado de Calila y Dimna, el Cual Departe por Ejemplos de Hombres, y Aves, y Animalias


By Red Ediciones

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Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-96428-64-5



CHAPTER 1

CÓMO EL REY SIRECHUEL ENVIÓ A BERZEBUY A TIERRA DE INDIA


Dicen que en tiempo de los reyes de los gentiles, reinando el rey Sirechuel, que fue hijo de Cades, fue un hombre a que decían Berzebuey, que era físico y príncipe de los físicos del reino; y había con el rey gran dignidad y honra, y cátedra conocida. Y como quier que era físico conocido, era sabio y filósofo, y dio al rey de India una petición, la cual decía que fallaba en escrituras de los filósofos que en tierra de India había unos montes en que había tantas yerbas de muchas maneras, y que si conocidas fuesen y sacadas y confacionadas, que se sacarían dellas melecinas con que resucitasen los muertos; e hizo al rey que le diese licencia para ir buscarlas, y que le ayudase para la despensa, y que le diese sus cartas para todos los reyes de India, que le ayudasen por que él pudiese recaudar aquello por que iba.

Y el rey otorgóselo y aguciólo; y envió con él sus presentes para los reyes donde iba, según que era costumbre de los reyes cuando unos enviaban a otros sus mandaderos con sus cartas por lo que habían menester. Y fuese Berzebuey por su mandado, y anduvo tanto hasta que llegó a tierra de India. Desí dio las cartas y los presentes que traía a cada uno de aquellos reyes, y demandóles licencia para ir buscar aquello por que era venido. Y ellos diéronle todos licencia y ayuda. Y duró en coger estas yerbas y plantas gran tiempo, más de un año, y volviéndolas con las melecinas que decían sus libros, y haciendo esto con gran diligencia. Desí probólas en los finados, y no resucitaron ningunos; y entonces dudó en sus escrituras, y cayó en gran escándalo, y tuvo por cosa vergonzosa de tornar a su señor el rey con tan mal recaudo.

Y quejóse desto a los filósofos de los reyes de India. Y ellos dijéronle que eso mismo fallaron ellos en sus escrituras que él había fallado, y propiamente el entendimiento de los libros de la su filosofía y el saber que Dios puso en ellos son las yerbas, y que la melecina que en ellos decía son los buenos castigos y el saber, y los muertos que resucitasen con aquellas yerbas son los hombres necios que no saben cuándo son melecinados en el saber, y les hacen entender las cosas, y explanándolas aprenden de aquellas cosas que son tomadas de los sabios, y luego, en leyendo aprenden el saber y alumbran sus entendimientos.

Y cuando esto sopo Berzebuey buscó aquellas escrituras y hallólas en lenguaje de India y trasladólas en lenguaje de Persia, y concertólas. Desí tornóse al rey su señor. Y este rey era muy acucioso en allegar el saber, y en amar los filósofos más que a otri, y trabajábase en aprender el saber, y amábalo más que a muchos deleites en que los reyes se entremeten. Y cuando fue Berzebuey en su tierra, mandó a todo el pueblo que tomase aquellos escritos y que los leyesen, y rogasen a Dios que les diese gracia con que los entendiesen, y dioles aquellos que eran más privados en la casa del rey. Y el uno de aquellos escritos es aqueste libro de Calila y Dimna.

Desí puso en este libro lo que trasladó de los libros de India, unas cuestiones que hizo un rey de India que había nombre Dicelem, y al su alguacil decían Burduben; y era filósofo a quien él más amaba. Y mandóle que respondiese a ellas capítulo por capítulo, y respuesta verdadera y apuesta, y que le diese ejemplos y semejanzas y por tal que viese la certidumbre de su respuesta, y que lo ayuntase en un libro entero, por que lo él tomase por castigo para sí, y que lo dejase después de su vida a los que dél descendiesen.

Y era el primero capítulo del león y del buey, que es después de la historia de Berzebuey el menge.

CHAPTER 2

HISTORIA DEL MÉDICO BERZEBUEY


Mío padre fue de Mercecilia, y mi madre fue de las hijasdalgo de Azemosuna y de los legistas. Y una de las cosas en que Dios me hizo merced, es que fui yo el mejor de sus hijos. Y ellos criáronme lo mejor que pudieron, gobernándome de la mejores viandas que pudieron hasta que hube nueve años cumplidos; y desí pusieron me con los maestros. Y yo no cesé de continuar en aprender la gramática y de meter la mi cara a sutileza y a buen entendimiento, a tanto que vencí a mis compañeros y a mis iguales y valí más que ellos, y leí libros y conocí y sope sus entendimientos, y afirmóse en el mi corazón lo que leí de las escrituras de los filósofos. Y decoré las palabras de los sabios, y las cuestiones que hacían unos a otros, y las disputaciones que hacían entre sí.

Y mantuve esto con mi entendimiento y concertélo con la opinión que yo tenía, y sope que eran acordados en los cursos del año y de los meses y de los días, y en las naturas de los cuerpos y en las cosas de las enfermedades y en las maneras de sus melecinamientos y de su salud. Y pusiéronlo por escrito y plúgome de lo saber. Y comencé a leer sus libros hasta que los entendí; y vi las maneras de los cuerpos, las cosas de las maletías y las maneras del melecinamiento. Y sope en ello a tanto que me metí a melecinar enfermos. Y después que lo comencé, di a mi alma a escoger en estas cuatro cosas que los hombres demandan en este siglo y se trabajan de las haber y las codician. Y dije: «¿Cuál destas cuatro cosas debo demandar según la cuantidad del mi saber, y cuál es la que me hará alcanzar lo que he menester, y si lo pudiere haber, deleites o fama o riqueza o galardón del otro siglo?».

Y vi que demandando ayuntado todas cuatro cosas, el que demanda llega a cualquier dellas que quisiere. Y fallé que la melecina era cosa loada cerca de los entendidos, y no denostada de los sabios y de las leyes y de las setas. Y fallé que el más santo de los físicos es aquel que no quiere haber por su física salvo el galardón del otro siglo. Y comedí en mi corazón, y fallé que todas las cosas en que los hombres se trabajan son fallecederas. Y yo no vi a ninguno de, mis antecesores que su allegar lo hiciese durable en este mundo, ni que lo librase de la muerte y de lo que aviene después della. Y fallé en los libros de la física quel más piadoso físico es aquel que primeramente comienza a melecinar su alma y sus enfermedades; y el que es en mejor estado es aquel que con su física trabaja en enmendar su estado para el otro siglo, y que no torna el arte de la física por mercaduría y por ganar la riqueza deste mundo.

Y el que quiere por su física haber el galardón en el otro siglo, no le menguaba riqueza en este mundo. Y es en aquesto atal como el labrador que siembra las legumbres en la tierra por haber mieses y ha de aquesto cuanto quiere. Con todo aquesto no le mengua y de haber algunas yerbas de que se ayude y se aproveche. Y tuve por bien de perseverar en esto por haber galardón en el otro siglo, y merecimiento de Dios. Y no quise por esto haber el apostura deste mundo; que sería tal como el mercader perdidoso que vendió sus piedras preciosas por vidrio que no valía nada, y pudiera haber del precio dellas gran riqueza para en toda su vida.

Y comencé a melecinar los enfermos so esperanza del galardón del otro siglo; así que no dejé enfermo que yo hubiese esperanza de lo guarecer y de lo sanar de su enfermedad con mi melecinamiento, que no metiese mi poder en lo guarecer. Y al que yo por mí mismo pude sanar, hícelo y no le metí en mano de otri; y al que no pude esto hacer dejé y su melecinamiento y dejéle las melecinas que había menester, y no quise haber galardón ni merecimiento de aquellos a quien esto hice. Y no había envidia de mis iguales ni de los que habían más haber que yo, ni del bien que Dios les había dado. Mas era el mío mayor cuidado y a lo que más me inclinaba y de lo que más me trabajaba, que pugnase más quél en saber, y en me trabajar en haber galardón de Dios.

Y estuve en esto un tiempo hasta que vencí al saber deste mundo, y contendí conmigo por el algo que veía haber a los otros. Y yo no quise al salvo contender con mi alma y defenderla de no se apartar de las cosas que nunca hubo ninguno que por ellas no apocase su algo y que no acreciese su lacerio. Y remembraron me las penas que había de sufrir después que deste mundo partiese por la hacer olvidar aquellas cosas de que había sabor. Y díjele: «¡Ay alma!, que no has vergüenza de hacer comunidad con los perezosos, necios, en amar este mundo fallecedero; ca aquel que alguna cosa ha dél no es suyo ni finca con él, y no lo aman salvo los engañados negligentes. Conviértete desta necedad y desta locura, y métete con toda tu fuerza a hacer algún bien para el otro siglo, y guárdate de lo llevar en traspaso, y no te asegures en él.

»Y miémbrate en cómo en este cuerpo ha muchas ocasiones y cómo es lleno de malas cosas lijosas; y son, por todas, cuatro humores que sostienen la vida mezquina que ha de fallecer, así como el ídolo descoyuntado que cuando sus miembros son compuestos y puestos cada uno en su lugar, ayuntan los con engrudo, que los hace tener unos con otros, y cuando es quebrantado el plego cáensele las juntaduras y deshácese todo: ¡ay alma!, no te engañes en la compañía de tus amigos y de tus bien querientes y no hayas desto gran codicia; pues que a la fin la tu compañía se ha de partir. Y esto es atal como la cuchara de palo que es siempre usada en la calentura y en cabo quiébrase sirviendo y encímase su hacienda a ser quemada en fuego.

»¡Ay alma!, no tomes placer en ser ayuntada con tus querientes y con tus amados en ayuntar haberes, ayuntándolos por haber amor y gracia de ellos, que serías en esto atal como el sahumerio que quema a sí y han holgura los hombres con su olor. ¡Ay alma!, no te fíes en las riquezas y en las dignidades en que se alegran los mundanos; ca éstos no saben en cuán pequeñas cosas están hasta que las pierden. Y acaece así como a los cabellos, que cuando los hombres tienen en la cabeza péinalos y úntalos con las mejores unturas que puede, y después que son fuera de la cabeza, halos hombre asco de ver.

»¡Ay alma!, persevera en melecinar los enfermos y no te tire dello el afán de la física porque los hombres no lo saben. Mas asma de un hombre que librase a otro de algún mal o lo escapase de alguna cuita hasta que lo tornase a la paz y a la forgura en que era, si este atal debe haber galardón según Dios: pues ¿cuánto debe haber de galardón el físico que por galardón de Dios melecina muchos y los saca de gran peligro con la ayuda de Dios? ¡Ay alma!, no se te aluengue el otro siglo por que hayas a inclinar a éste; ca serías en tomar lo poco y dar por él lo mucho, así como el mercader que había una casa llena de oro y de plata, y dijo en sí: "Si la vendiere a peso alongarse me ha", y vendióla a ojo por mal precio».

Y habiendo esta contienda con mi alma, no falló carrera ninguna para me vencer, y confesóse y conoció el menosprecio de aquellas cosas a que se acostaba, y perseveró en bien por ganar el otro siglo. Y no me estorbó esto de haber buena parte de este mundo y de la privanza de los reyes ante que fuese a India; y después que torné hube más de lo que quería. Y estudié en la física, y fallé que el físico no puede melecinar a ninguno con melecina que le asegure de enfermedad toda su vida; y no sope cómo el guarecer tuviese pro, no seyendo el hombre seguro de no tornar a la enfermedad, le de acrecentar en otra cosa más fuerte.

Y por ende fallé que las obras del otro siglo son las cosas que libran a los hombres de sus enfermedades. Y fallé que la enfermedad del ánima es la mayor enfermedad. Y por eso desprecié la física y trabajéme de la ley, y hube ende sabor; y dudé en la física y no fallé en sus escrituras mejoría de ninguna ley. Y fallé las leyes mucho alongadas, y las setas muchas, y aquellos que las tenían habíanlas heredado de sus padres, y otros que las tenían habidas por fuerza, y otros que querían haber por ellas este mundo y que se trabajaban a ganar con ellas en sus vidas, y otros entendidos de simples voluntades que no dudan que tienen la verdad, y no tienen buena razón a quien les hiciese cuestión sobre ello. Y todos se enfingíen que tenían derecho y que los que contra ellos eran que yacían en yerro y en perdimiento. Y vi entre ellos gran contrariedad en el criador y en las criaturas, y en el comienzo en la fin del mundo.

Y tuve por bien de otorgar a los sabios de cada una ley, sus comenzamientos y ver qué dirían, por razón de saber departir la verdad de la mentira, y escoger y amparar la una de la otra; y, conocida la verdad, obligarme a ella verdaderamente, y no creer lo que no cumpliese y ni seguir lo que no entendiese. E hice esto, y pregunté y pensé y no fallé ninguno dellos que me diese más que alabar a sí y a su ley y denostar al ajena. Y vi manifiestamente que se inclinaban a sus sabores, y que por su sabor trabajaban y no por derecho; y ni fallé en ninguno dellos razón que fuese verdadera ni derecha, ni tal que la creyese hombre entendido y no la contradijese con razón. Y después que esto vi no fallé carrera por donde siguiese a ninguno dellos; y sope que sí yo creyese a alguno dellos lo que no supiese, que sería atal como el ladrón engañado que habla en un ejemplo.


Del ladrón a quien hacen creer que la Luna sirve de escala

Y fue así que andaba una noche, un ladrón sobre una casa de un hombre rico, y hacía Luna, andaban algunos compañeros con él. Y en aquesta casa había una finiestra por donde entraba la luz de la Luna al hombre bueno. Y despertó el dueño de la casa y sintiólos y pensó que tal hora no andarían por sus tejados salvo ladrones. Y despertó a su mujer y díjole: «Habla quedo, que yo he sentido ladrones que andan encima de nuestro tejado; y dime cuando los sintieres cerca de aquí: ¡Ay marido! ¿No me dirás de qué llegaste tantas riquezas como habemos? Y cuando yo no te quisiere responder, sigue me preguntando hasta que te lo diga». Y hízolo así como le mandó el marido, y oyó el ladrón lo que ella dijo. Y entonces recudió el hombre a su mujer: «Tú, ¿por qué lo demandas? Ca la ventura te trajo gran algo; come, bebe y alégrate, y no me demandes tal cosa, ca si te lo yo dijere, no so seguro que lo no oiga alguno, y podría acaecer cosa por ello que pesara a mí y a ti». Y dijo la mujer: «Por la fe que me debes que me lo digas, ca no oirá ninguno lo que dijéremos a tal hora». Dijo el marido: «Yo te lo diré, pues que tanto lo quieres saber. Sepas que yo no ayunté todas estas riquezas, salvo de ladronía». Y dijo la mujer: «¿Cómo puede eso ser, ca las gentes te tenían por hombre bueno?».

Y dijo él: «Esto fue por una sabiduría que yo fallé al hurtar, y es cosa muy encubierta y sutil de guisa que ninguno no sospechaba de mí tal cosa». Y dijo la mujer: «¿Cómo fue eso?». Respondió él y dijo: «Yo andaba la noche que hacía Luna y mis compañeros conmigo, hasta que subía en somo de la casa do quería entrar, y llegaba a alguna finiestra por donde entraba la Luna y decía siete veces: "saulan, saulan". Desí abrazábame con la Luna y entraba por la finiestra y descendía por ella a la casa, y no me sentía ninguno cuando caía; e iba de aquella casa a todas las otras casas. Y después que tomaba lo que fallaba, tornaba al lugar donde descendía, y abrazábame con la Luna y subía a la finiestra; y en este estado gané todo esto que tú ves».

Y cuando esto oyeron los ladrones plógoles mucho dello y dijeron: «Más habemos ganado desta casa que nos no queríamos, y deste saber que nos dende habemos, nos debemos más preciar que de todo cuanto ende ganaremos». Desí estuvieron grande hora quedos, hasta que cuidaron que el dueño de la casa era adormecido y su mujer otrosí, y después que cuidaron ser ciertos desto, levantóse el caudiello dellos y fuese para la finiestra, que estaba en somo de casa, por do entraba la luz de la Luna, y dijo siete veces: «saulan, saulan», y abrazóse con la luz por descender por ella a la casa, y cayó cabeza ayuso. Y levantóse el dueño de la casa y dióle tantos de golpes hasta que le quedó, diciendo el ladrón: «Yo merezco cuanto mal me has hecho, porque creí lo que me dijiste y me engañé con vanidad».

Y yo, después que me guardé de no creer las cosas de que no era seguro de no caer en peligro de muerte, dejéme de todas las cosas dudosas y metíme en hacer pesquisas de las leyes y en buscar las más derechas. Y no fallé en ninguno de aquellos con quien yo hablé esto, buena respuesta quel yo debiese creer. Y dije en mi corazón: «Tengo por seso, pues así es, de me obligar a la ley de míos padres». Pero fue buscando si habría a esto alguna excusación y no la fallé. Y mémbrome el dicho de un hombre que comía feo y era tragón, y dijéronle que comía mal y feo, y él dijo: «Así comían mis padres y mis abuelos». Y no fallé ninguna excusación porque no debiese fincar en la ley del padre, y quíseme dejar de todo y meterme a hacer pesquisas de las leyes y estudiar en ellas. Y estorbóme la fin que es cerca y la muerte que acaece tan aína como cerrar el ojo y abrirlo. Y había fechas algunas obras que no sabría si eran buenas, donde por aventura mientras me trabajase de pesquerir las leyes detenerme hía de hacer algún bien, y morría ante que viese lo que quería.


(Continues...)

Excerpted from Calila y Dimna. Este Libro es Llamado de Calila y Dimna, el Cual Departe por Ejemplos de Hombres, y Aves, y Animalias by Red Ediciones. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
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Table of Contents

Contents

CRÉDITOS, 4,
PRESENTACIÓN, 9,
INTRODUCCIÓN DE ABDALLA BEN ALMOCAFA, 11,
CAPÍTULO I. CÓMO EL REY SIRECHUEL ENVIÓ A BERZEBUY A TIERRA DE INDIA, 16,
CAPÍTULO II. HISTORIA DEL MÉDICO BERZEBUEY, 18,
CAPÍTULO III. DEL LEÓN Y DEL BUEY Y DE LA PESQUISA DE DIMNA Y DE CALILA, 29,
CAPÍTULO IV. DE LA PESQUISA DE DIMNA; Y ES EL CAPÍTULO DEL QUE QUIERE PRO DE SI Y DAÑO DE OTRO, QUE TORNA SU HACIENDA, 65,
CAPÍTULO V. DE LA PALOMA COLLARADA, Y DEL GALÁPAGO, Y DEL GAMO, Y DEL CUERVO; Y ES CAPÍTULO DE LOS PUROS AMIGOS, 79,
CAPÍTULO VI. DE LOS CUERVOS Y DE LOS BÚHOS. ES EJEMPLO DEL ENEMIGO QUE MUESTRA HUMILDAD Y GRAN AMOR A SU ENEMIGO, Y SE SOMETE HASTA QUE SE APODERA DÉL, Y DESPUÉS LE MATA, 93,
CAPÍTULO VII. DEL GALÁPAGO Y DEL SIMIO; Y ES CAPÍTULO DEL QUE DEMANDA LA COSA ANTES QUE LA RECAUDE Y DESPUÉS LA DESAMPARA, 110,
CAPÍTULO VIII. DEL RELIGIOSO Y DEL CAN; ES EL CAPÍTULO DEL HOMBRE QUE HACE LAS COSAS RABIOSAMENTE, Y A QUE TORNA SU HACIENDA, 115,
CAPÍTULO IX. DEL GATO Y DEL MUR, 117,
CAPÍTULO X. DEL REY VARAMUNT Y DEL AVE QUE DICEN CATRA, 120,
CAPÍTULO XI. DEL REY CEDERANO Y DE SU ALGUACIL BELET Y DE SU MUJER HELBED, 124,
CAPÍTULO XII. DEL ARQUERO Y DE LA LEONA Y DEL ANXARA, 137,
CAPÍTULO XIII. DEL RELIGIOSO Y DE SU HUÉSPED, 139,
CAPÍTULO XIV. DEL LEÓN Y DE ANXAHAR RELIGIOSO, 140,
CAPÍTULO XV. DEL OREBCE Y DEL SIMIO Y DEL CASTIGO Y DE LA CULEBRA Y DEL RELIGIOSO, 146,
CAPÍTULO XVI. DEL HIJO DEL REY Y DEL HIDALGO Y DE SUS COMPAÑEROS, 150,
CAPÍTULO XVII. DE LAS GARZAS Y DEL ZARAPICO, 157,
CAPÍTULO XVIII. DE LA GOLPEJA Y DE LA PALOMA Y DEL ALCARAVÁN; Y ES EL CAPÍTULO DEL QUE DA CONSEJO A OTRO Y NO LO TIENE PARA SÍ, 167,
LIBROS A LA CARTA, 171,

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