Artes Poeticas Espanolas

Artes Poeticas Espanolas

Paperback

$11.99
View All Available Formats & Editions
Members save with free shipping everyday! 
See details

Overview

Artes poéticas es un compendio de observaciones sobre la poesía y sus formas más difundidas en su época.

Product Details

ISBN-13: 9788498166088
Publisher: Linkgua
Publication date: 01/01/2007
Series: Pensamiento
Pages: 146
Product dimensions: 5.50(w) x 8.50(h) x 0.37(d)

Read an Excerpt

Artes Poéticas Españolas


By Red Ediciones

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9897-291-7



CHAPTER 1

ENRIQUE DE VILLENA (CUENCA, 1384-1434) LIBRO DE LA CIENCIA GAYA


[La arte del trovar se llamaba antiguamente en Castilla la gaya ciencia, como parece por el libro que hizo della don Enrique de Villena, intitulándola a don Iñigo López de Mendoza, señor de Hita, etc. Síguese algunos vocablos y cosas de este libro]

[...] Por la mengua de la ciencia todos se atreven a hacer dictados, solamente guardada la igualdad de las sílabas y concordancia de los bordones, según el compás tomado, cuidando que otra cosa no sea cumplidera a la rítmica doctrina. Y por esto no es fecha diferencia entre los claros ingenios y los oscuros. [...]

[...] Maguer otras cosas arduas, vindicasen a sí mi intento, así que un trabajo fuese reposo de otro trabajo [La traslación de Virgilio que hacía don Enrique de Villena de la Eneida]. [...]

Y quise dirigir este tratado a vos, honorable y virtuoso caballero don Iñigo López de Mendoza, pues que mis obras, aunque impertinentes, conozco a vos ser placibles y que vos deleitáis en hacer dictados y trovas, ya divulgadas y leídas en muchas partes. Y por mengua de la gaya doctrina, no podéis transfundir en los oidores de vuestras obras las excelentes invenciones que natura ministra a la serenidad de vuestro ingenio con aquella propiedad que fueron concebidas. Y vos, informado por el dicho tratado, seáis originidad donde tomen lumbre y doctrina todos los otros del reino que se dicen trovadores para que lo sean verdaderamente. [...]

Tomaréis algún depuerto [...]

El consistorio de la gaya ciencia se formó en Francia en la ciudad de Tolosa por Ramón Vidal de Besaldú [...]

Esmerándose con aquellas reglas los entendidos de los groseros [...]

Este Ramón, por ser comenzador, no habló tan cumplidamente. Sucedióle Jofré de Foxá, monje negro, y dilató la materia, llamando a la obra que hizo Continuación del trovar.

Vino después de este Berenguer de Noya e hizo un libro de figuras y colores retóricos. Después escribió Guilielmo Vedel de Mallorca la Summa vitulina.

Con este tratado, porque durase la gaya ciencia, se fundó el colegio de Tolosa de trovadores, con autoridad y permisión del rey de Francia, en cuyo territorio es. Y les dio libertades y privilegios y asinó ciertas rentas para las despensas del consistorio de la gaya doctrina. Ordenó que hubiese siete mantenedores que hiciesen leyes [etc.] [...]

Hicieron el tratado intitulado Leyes de amor, donde se cumplieron todos los defectos de los tratados pasados.

Este era largo, por donde Guillén Moliner le abrevió e hizo el Tratado de las flores, tomando lo substancial del libro de las Leyes de amor.

Después vino fray Ramón de Cornet e hizo un tratado en esta ciencia, que se llama Doctrinal. Éste no se tuvo por tan buena obra, por ser de persona no mucho entendida. Reprendiósela Johán de Castilnou.

[asumando]

Los vicios esquivadores, id est que se deben esquivar.

[Después déstos no escribió otro, hasta don Enrique de Villena].

[...]

Tanto es el provecho que viene de esta doctrina a la vida civil, quitando ocio y ocupando los generosos ingenios en tan honesta investigación, que las otras naciones desearon y procuraron haber entre sí escuela d'esta doctrina. Y por eso fue ampliada por el mundo en diversas partes.

A este fin el rey don Joan de Aragón, primero de este nombre, fijo del rey don Pedro segundo, fizo solemne embajada al rey de Francia, pidiéndole mandase al colegio de los trovadores que viniesen a plantar en su reino el estudio de la gaya ciencia y obtuvolo. Y fundaron estudio de ello en la ciudad de Barcelona dos mantenedores que vinieron de Tolosa para esto, ordenándolo d'esta manera: que hubiese en el estudio y consistorio de esta ciencia en Barcelona cuatro mantenedores, el uno caballero, el otro maestro en teología, el otro en leyes, el otro honrado ciudadano. Y cuando alguno de éstos falleciese, fuese otro de su condición elegido por el colegio de los trovadores y confirmado por el rey.

En tiempo del rey don Martín, su hermano, fueron más privilegiados y acrecentadas las rentas del consistorio para las despensas hacederas, así en la reparación de los libros del arte y vergas de plata de los vergueros que van delante los mantenedores y sellos del consistorio, como en las joyas que se dan cada mes y para celebrar las fiestas generales. E hiciéronse en este tiempo muy señaladas obras, que fueron dinas de corona.

Después de muerto el rey don Martín, por los debates que fueron en el reino de Aragón sobre la sucesión, hubieron de partir algunos de los mantenedores y los principales del consistorio para Tortosa y cesó lo del colegio de Barcelona [...]

Fue después elegido el rey don Fernando, en cuyo servicio vino [don Enrique de Villena, el cual procuró] la reformación del consistorio y señaláronle por el principal de ellos [...]

Las materias que se proponían en Barcelona estando allí [don Enrique]: algunas veces loores de santa María, otras de armas, otras de amores y de buenas costumbres [...]

Y llegado el día prefigido, congregábanse los mantenedores y trovadores en el palacio, donde yo posaba. Y de allí partíamos ordenadamente con los vergueros delante y los libros del arte que traían y el registro ante los mantenedores. Y llegados al dicho capítulo, que ya estaba aparejado y emparamentado derredor de paños de pared, y fecho un asentamiento de frente con gradas, en do estaba [don Enrique] en medio y los mantenedores de cada parte, y a nuestros pies los escribanos del consistorio; y los vergueros más bajo y el suelo cubierto de tapicería. Y hechos dos circuitos de asentamientos, en do estaban los trovadores, y en medio un bastimento cuadrado tan alto como un altar, cubierto de paños de oro, y encima puestos los libros del arte y la joya. Y a la manderecha estaba la silla alta para el Rey, que las más veces era presente, y otra mucha gente, que se ende llegaba.

Y fecho silencio, levantábase el maestro en teología, que era uno de los mantenedores, y hacía una presuposición con su tema y sus alegaciones y loores de la gaya ciencia y de aquella materia que se avía de tratar en aquel consistorio. Y tornábase a sentan. Y luego uno de los vergueros decía que los trovadores allí congregados expandiesen y publicasen las obras que tienen fechas de la materia a ellos asignada. Y luego levantábase cada uno y leía la obra que tenía fecha en voz inteligible. Y traíanlas escritas en papeles damasquines de diversos colores, con letras de oro y de plata e iluminaduras hermosas, lo mejor que cada uno podía. Y desque todas eran publicadas, cada uno la presentaba al escribano del consistorio.

Teníanse después dos consistorios, uno secreto y otro público. En el secreto hacían todos juramento de juzgar derechamente sin parcialidad alguna, según las reglas del arte, cuál era mejor de las obras allí examinadas. Y leídas puntuadamente por el escribano, cada uno de ellos apuntaba los vicios en ella contenidos. Y señalábanse en las márgenes de fuera. Y todas así requeridas, a la que era fallada sin vicios o a la que tenía menos, era juzgada la joya por los votos del consistorio.

En el público congregábanse los mantenedores y trovadores en el palacio. Y yo partía dende con ellos, como está dicho, para el capítulo de los frailes predicadores. Y, colocados y fecho silencio, yo les hacía una presuposición, loando las obras que avían fecho y declarando en especial cuál de ellas merecía la joya. Y aquella ya la traía el escribano del consistorio en pergamino bien iluminada y encima puesta la corona de oro. Y firmábalo yo al pie y luego los mantenedores. Y sellábala el escribano con el sello pendiente del consistorio. Y traía la joya ante mí. Y, llamado el que fizo aquella obra, entregábale la joya y la obra coronada, por memoria. La cual era asentada en el registro del consistorio, dando autoridad y licencia para que se pudiese cantar y en público decir.

Y acabado esto, tornamos de allí al palacio en ordenanza. E iba entre dos mantenedores el que ganó la joya. Y levábale un mozo delante la joya, con ministriles y trompetas. Y llegados al palacio, hacíales dar confites y vino. Y luego partían dende los mantenedores y trovadores con los ministriles y joya, acompañando al que la ganó fasta su posada.

Y mostrábase aquel aventaje que Dios y natura hicieron entre los claros ingenios y los oscuros [de donde parece que ventaje viene del vocablo italiano avante]. Y no se atrevían los ediothas [...]

[La definición de ciencia según Galter Burley en la Summa de las artes:] ciencia es cumplida orden de cosas inmutables y verdaderas [...]

Y acatando seis instrumentos, siquiera órganos, que forman en el hombre voces articuladas y literadas, es a saber pulmón con su continuo movimiento, sistolando y diastolando, recibiendo aire fresco hacia sí y lanzando el escalentado fuera del cuerpo por muchas partes, especialmente por la tracharchedía, que es la caña del resollo [etc.], percude, siquiera hiere el aire [...]

El segundo, paladar [...]

El tercero, lengua [...]

El cuarto, dientes, que por compresión hacen zizilar a atenuar el son, siquiera adelgazar.

El quinto, los bezos [...]

El sexto, la trachearchedía [...]

No son las voces articuladas en igual número cerca de todas las gentes, porque la disposición de los aires y sitio de las tierras disponen estos instrumentos por diversa manera. A unos dilatándoles la caña, y por eso hablan de gargüero; a otros, haciéndoles la boca de gran oquedad, y por eso hablan ampuloso; y a otros, haciendo las varillas de poco movimiento, y por eso hablan zizilando. Y así de las otras diversidades. [...]

Esta parte primera se dividirá en diez partículas. La primera, cuándo y por quién la letra latina fue hallada. La segunda, la definición de la letra. La tercera, cuántas son las letras y qué figuras tienen. La cuarta, de los accidentes y de la mutación de sus figuras según la diversidad de los tiempos. La quinta, del departimiento que han entre sí, según las voces que significan. La sexta, del son de cada una, por la conjunción de unas con otras. La setena, cómo se muda el son de una en son de otras y se puede poner una por otra en ciertos lugares. La ochava, cómo se ponen algunas letras y no se pronuncian y otras se pronuncian, aunque no se ponen. La novena, en el escribir, según las reglas de los trovadores antiguos, cómo se deben situar. La decena, de la abreviatura de las letras. [...]

[San Isidoro en el primero libro de sus Etimologías; Micer Armenio escribió la Historia florita].

[La antigüedad de la letra latina sácala así don Enrique de Villena en el Libro de la ciencia gaya]:

Al tercero año que Nicostrato dio las letras a los de Italia, el rey latino hizo juntar sabedores y las reglas dadas por Carmenta fueron corregidas y llamóse letra latina. Fue esto dieciocho años antes de la postrimera presa de Troya, la cual fue antes de la era de nuestro Salvador Jesucristo por MCLXXXV años, según Felipe Elefante en la glosa del Timeo de Platón, lo cual dice que sacó de las historias de los egipcianos. Y la era de nuestro Salvador corre ahora MCCCC y XXXIII, todo junto serán II MDCXXXVI años [...]

Ocho diptongos son habidos por leales, siquiera ciertos en el trovar. Es a saber: ai, ei, oi, ui, au, eu, iu, ou; éstos son de dos letras. Ia, ie, ue no son finos, que se llaman por otro nombre impropios. De tres letras se componen otros ocho: guay, uey, ioy, iuy, uau, ueu, uiu, uou. [...]

[Mastre Gil fizo un tratado titulado Summa de proverbiar].

[Lenguagge, linagge, con dos 'gg'].

[Algunos dictados antiguos o petafios].

Carmenta nombró a la f fiex y a la x xi, conforme a la apelación griega.

Aa, Be, ce, de, ee, efe, ge, ache, ii, ca, ele, eme, ene, oo, pe, cu, erre, ese, te, uu, eques, y griega, zz, tilde. [...]

[La h] el pulmón con su aspiración forma la h. La trachearchedía forma la a y la y y la i y la diferencia que entre ellas se hace es por menos respiración; que la a se pronuncia con mayor y la y con mediana y la i con menor. El paladar, con su oquedad, forma la o y la k, pero la o ayúdase con los bezos. La lengua forma la r, hiriendo en el paladar; y la d y la t y la 1, hiriendo en los dientes; y la y griega, ayudándose con paladar y dientes; y la n y tilde, hiriendo muellemente en los dientes medio cerrados. Y los dientes forman la z apretados, zizilando; y la x y la g, ayudándose un poco con la lengua. Los bezos con clausura y aparición forman la b, f, m y la p y la q; y la v, aguzando con alguna poca abertura y ayudándose de la respiración.

Algunos quisieron atribuir la pronunciación de la o a los bezos, porque se aguzan y abren en forma circular. Pero mayor operación hace en ello el paladar y por eso a él fue asignada de suso. [...]

[Alfabeto de Carmentas:] [El de los longobardos:]

A la 'fiex' llamaron 'fi'. Y a la 'h' 'aca'.

[El de los godos:]

[...] Después que la tierra se perdió en tiempo del rey don Rodrigo, como se perdieron los estudios de Toledo y los de Zamora y de Ávila, corrompióse el uso y reglas de la letra gótica o usaron de tales figuras:

Y dijeron a la f efe, y a la x eques. [...]

Toledo se llamaba Fajén; y Zamora, Numancia; y Ávila, Ábila. Después, recogidos los cristianos en el Monte Sacro en Asturias, y perecieron los saberes entre ellos; y aun el escribir y leer por diuturnidad de tiempo. Desque fueron conquistando, sintieron la mengua de la perdida letra y enviaron a la isla de Inglaterra por maestros que tuviesen escuelas de escribir y leer y gramática y mostráronles un tal alfabeto:

Llamaron la letra anglicana y decían a la h aque, pero los de este reino no podían pronunciar sino ache

Tomaron de los moros las colas de las letras revueltas y el liamiento de los vocablos y tildes grandes y el tener de la péndola y'l leer en son.

Corrompióse el anglicano y hubo éste:

Y éste á llegado fasta el uso de este tiempo [...]

Allende el son particular que cada letra por sí tiene, cuando se conjuguen unas con otras forman otro son. Esta formación se entiende en dos maneras, una en general, otra en especial.

La general en tres, es a saber, plenisonante, semisonante, menos sonante. Cuando la letra es puesta en principio de dicción, toma el son más lleno y tiene mejor su propia voz y por eso es dicha plenisonante, es a saber aviente su son lleno. Cuando es puesta en medio de dicción, no suena tanto y difúscase el son de su propia voz.

Cuando es en fin de la dicción, del todo pierde el son de su propia voz o suena menos que en el medio. Y por eso es dicha menos sonante.

La especial manera es considerando la condición de cada una, según la conjunción en que se halla. Así como las vocales, que allende de la regla general dicha, por especial razón son algunas veces plenisonantes, aunque sean falladas en medio de dicción, así como diciendo vas, ven, diz, joy, luz; que, maguer que las vocales puestas en estas dicciones estén en medio, retienen su lleno son, por la plenitud de la voz vocal, que les ayuda.

Y algunas veces las tres vocales a y o suenan de otra manera con son semisonante o menos sonante puestas en medio de dicción y fin, así como quien dice proeza, grana, honor, que la y en la primera dicción es semisonante y la a en la segunda, y la segunda o en la tercera. Esto les acaece por la conjunción de las precedentes letras, que se lían e incorporan con el son de la vocal en composición de voces. Y por eso la vocal pierde parte de su lleno son.

Estas tres vocales puestas en mitad de dicción sin mudar la postrimera letra tienen a veces lleno son y otras medio. Quien dice vas da medio son; y si dijese paz, daríale lleno; diciendo vos es semisonante, diciendo pos es plenisonante. Y si dijese pres, aquella y es plenisonante; y si dijese tres, es semisonante. Y porque gozan de amos los sones según el ayuda del principio, dícense utrisonantes.

La v y la i en principio de vocal se hacen consonantes. Cuando la g con vocal se junta, así como a y u, tiene son suave, como quien dice plaga, dragón, daga. Y esto es con la a. Y con la y, así como llegué, pagué, con la u, así como guardar, guiar. Pero cuando se junta con y y con i, entonces suena fuerte, como quien dice linaje, jirón, girconza. En el fin quitan la y pug [Alberic].

La l se dobla para hacerla plenisonante al principio y al medio. En el fin nunca se dobla, sino en la lengua limosina.

Cuando la r es semisonante, no se dobla: ara, ira. Cuando es plenisonante, dóblase, error. En principio de dicción, es plenisonante; no se dobla: rey, roque, rocín. En los nombres propios, en medio de dicción es plenisonante y no se dobla: Enrique, Ferando.

La p y la b algunas veces hacen un mismo son, como quien dijese cardinal, que también se puede decir cardinal. Y t y d eso mismo convienen en son, en fin de dicción, así como quien dice ciudad, que se puede hacer con d y con t. En principio son disonantes.

La q y la c convienen en son en principio de dicción. Quantidad se escribe con q, calidad se escribe con c. La k conviene con este son, diciendo karidad, pero tiene esta especialidad la k, que no se puede poner sino en principio de dicción y todavía es plenisonante.


(Continues...)

Excerpted from Artes Poéticas Españolas by Red Ediciones. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Table of Contents

Contents

CRÉDITOS, 4,
PRESENTACIÓN, 7,
ENRIQUE DE VILLENA (CUENCA, 1384-1434) LIBRO DE LA CIENCIA GAYA, 9,
JUAN DE LA ENCINA (SALAMANCA, 1469-1529) ARTE DE POESÍA CASTELLANA, 1496, 21,
CRISTÓBAL CASTILLEJOS (1492-1550) REPRESIÓN CONTRA LOS POETAS ESPAÑOLES QUE ESCRIBEN VERSO EN ITALIANO, 37,
JUAN DE LA CUEVA (SEVILLA, 1543-1612) EJEMPLAR POÉTICO, 49,
FÉLIX LOPE DE VEGA Y CARPIO (1562-1635) ARTES POÉTICAS, 115,
LIBROS A LA CARTA, 145,

Customer Reviews