Amiga, deja de disculparte: Un plan sin pretextos para abrazar y alcanzar tus metas (Girl, Stop Apologizing)

Amiga, deja de disculparte: Un plan sin pretextos para abrazar y alcanzar tus metas (Girl, Stop Apologizing)

by Rachel Hollis

Hardcover(Spanish-language Edition)

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Overview

Rachel Hollis, autora del superventas y fundadora de TheChicSite.com, exhorta a las mujeres a dejar de disculparse por sus deseos, esperanzas y sueños y, en cambio, perseguirlos con pasión y confianza.

Product Details

ISBN-13: 9781404111585
Publisher: Nelson, Thomas, Inc.
Publication date: 04/16/2019
Edition description: Spanish-language Edition
Pages: 272
Sales rank: 298,021
Product dimensions: 5.60(w) x 8.50(h) x 0.90(d)

About the Author

La experta en estilo de vida Rachel Hollis, es también fundadora del popular sitio web TheChicSite.com y directora ejecutiva de Chic Media. Es colaboradora habitual de HuffPost y PopSugar, y ha aparecido en Today, Rachael, The Talk, Extra y muchos otros programas. Vive en Austin, Texas, con su esposo y cuatro hijos.

Read an Excerpt

CHAPTER 1

EXCUSA 1: ESO NO ES LO QUE OTRAS MUJERES HACEN

Yo solía tener dientes de tiburón.

No, de veras. Era una de esas niñas desafortunadas cuyos dientes de leche no pasaban a mejor vida. En lugar de salir arrastrándose por la puerta como cualquier incisivo que se respete a sí mismo, se aferraban sin querer irse. Simultáneamente, mis dientes de adulta iban ocupando más espacio. Llegaron a toda velocidad como si fueran una agresiva familia política y establecieron su residencia. Tenía dos filas de dientes. Dientes de tiburón.

Alrededor de esa misma época, decidí cortarme mi propio f lequillo con las tijeras de mi papá para su bigote. Ahora bien, para darme a mí misma un poco de mérito, reconocí que ese no era el mejor curso de acción. Yo era, y sigo siéndolo, una rigu- rosa seguidora de las reglas, y cortarme mi propio f lequillo a los once años de edad estaba a la par de realizar una cirugía a corazón abierto con los cubiertos desparejados de la marca Mema. No es aconsejable. Sin embargo, en esta ocasión el f lequillo me llegaba hasta los ojos y me volvía loca. Así que por mucho que fuera una seguidora de las reglas, también era, y sigo siéndolo, una mujer de acción. Decidí ocuparme yo misma. Cuando mi papá descubrió los resultados de mi proceder, intentó rectificar la línea dispareja del f lequillo. Desgraciadamente, a él no se le daba la barbería mejor que a mí. Y tiene un terrible TOC (trastorno obsesivo compulsivo) ... lo cual significa que es insistente en lo que respecta a obtener una línea recta. Siguió cortando mi f lequillo cada vez más, intentando que quedara bien, hasta que apenas era más largo que una pestaña. Mis fotografías de quinto grado eran toda una escena a contemplar.

¿Mencioné que en aquella época también me rasuré las cejas? No sabía aún cómo depilarlas. Solamente sabía que no quería seguir teniendo una sola ceja, y deslizar la cuchilla de mi hermana mayor por la mitad de mi frente parecía la opción correcta.

También era gordita.

Y tocaba el clarinete en quinto grado.

Era torpe y tenía el cabello encrespado, y siempre doblaba en tamaño a las animadoras y vestía ropa de Goodwill que raras veces era de mi talla. Lo único que quería en el mundo era ser popular, bonita, y encajar entre todos los demás. Y no tenía más posibilidades de las que podría tener una bola de nieve en el infierno.

Cuando eres niña, no tienes control alguno sobre tu aspecto físico, a lo que tienes acceso, o si encajas o no en el grupo. No obstante, eres totalmente consciente de lo que te falta, de lo que careces, de lo que debería estar ahí. Lo único que tienes que hacer es mirar en dirección a las personas que sí parecen encajar, que sí parecen tenerlo todo solucionado, para ver lo que te falta. En un mundo perfecto, en el momento en que observas tus diferencias, llega alguien mayor y más sabio y te enseña a valorar tu rareza única e innata. También camina a tu lado y habla la verdad a tu vida, y quizá te muestra la mejor manera de evitar que tu cabello se parezca al de un episodio de Friends en el que Monica visitó las islas Barbados. En un mundo perfecto, te alentarían a ser tú misma a la vez que te ayudarían a saber cómo mejorar en los aspectos que aumentan la confianza en tu propia persona.

Sin embargo, la mayoría de nosotras no crecimos en ese mundo perfecto.

La mayoría de nosotras crecimos identificando desde una edad muy temprana todas las cosas que no eran correctas en nosotras. Creímos que éramos demasiado gordas, demasiado feas, demasiado torpes para ser amadas y aceptadas sin tener que hacer grandes cambios. Algunas mujeres lo manejan cerrándose cada vez más en sí mismas. Otras mujeres lo manejan rebelándose. ¿Que el mundo piensa que soy extraña? ¡Bien! ¡Seré tan rara que te ahuyentaré antes de que te acerques! O si eres como yo, decides en la época de los dientes de tiburón y el f lequillo muy corto que tener un aspecto tan torpe, extraño y trágico, sinceramente, es algo bien malo. Así que lo que haces, en tu gloria de preadolescencia, es comenzar a prestar atención a lo que hacen otras muchachas y, como en esa escena de La sirenita en la que ella se emociona mucho por tener finalmente una oportunidad de caminar sobre tierra seca, decides que tú también vas a ser parte de su mundo. Vas a hacer todo lo que sea necesario: actuar, vestirte, tener el aspecto y hablar de una manera que te ofrezca la mayor aceptación.

El mío no fue un proceso rápido, pero finalmente me pusieron frenos dentales y aprendí a alisarme el cabello. Y cuando tenía veintitantos años, había adquirido mucha destreza en representar un papel. En realidad, había llegado a ser tan buena en lo que concernía a comportarme como todas las demás mujeres, que ni siquiera se me ocurría cuestionarme si me gustaban las decisiones que estaba tomando. Cuando comencé a preguntarme si me gustaba el camino en el que me había situado a mí misma, tuve la sensación de estar demasiado adelantada para regresar.

Y por eso vivía una doble vida.

No como la de «una abogada de día y célula durmiente/espía internacional en la noche». Más bien solía vivir mi vida (muy públicamente, vale la pena decir) fingiendo ser un tipo de persona cuando en realidad era otra totalmente distinta.

Ante la vista pública y en cada plataforma de las redes sociales, yo era esposa y madre, una ávida cocinera y amante de la comida, una reina del bricolaje que tenía un blog y la afición a subir publicaciones a Facebook. Entre bambalinas, era una madre trabajadora, emprendedora, y una embaucadora del máximo orden.

Poseía una oficina.

Tenía un equipo de trabajo de cinco personas a tiempo completo.

Trabajaba más de sesenta horas por semana.

Y aquí está la parte importante: me encantaba cada segundo de mi vida.

Me encantaba cada segundo de todo eso, pero nunca mencionaba nada. No públicamente ni en las redes sociales. Tampoco privadamente en las fiestas familiares. No en las actividades de negocio para mi esposo o incluso en las reuniones de negocios con potenciales clientes. Le restaba importancia a todo. Espantaba la verdad como si estuviera espantando una mosca. Ah, es solo esta cosita que hago. Enterraba cada logro y no admitía mis mayores sueños ni siquiera ante mí misma. Me preocupaba lo que otros pudieran pensar de mí. Me preocupaba lo que pudieras pensar de mí si supieras lo que realmente había dentro de mi corazón.

La verdad era que había muchas cosas con las que soñaba. Tenía ideas para compartir con el mundo sobre cómo las mujeres podían cambiar sus mentalidades, su salud mental, su autoestima y, sí, el modo en que se pintan las cejas (porque eso me importa casi tanto como todo el resto combinado). Pensaba en si tal vez podría construir una plataforma donde hablarles a mujeres en todo el mundo, y alentarlas, y darles ánimo y hacerlas reír. Creía que si otras personas podían llenar las redes sociales con vídeos de gatos, fotografías de cafés con leche y publicaciones de ejercicios, entonces yo podía añadir a la mezcla citas motivacionales y afirmaciones positivas. Creía que podía cambiar todo mi negocio con la idea. Creía que podía cambiar al mundo.

Bueno, ¿quién dice eso?

Yo lo digo. Ahora, de todos los modos.

¿Lo habría dicho cinco años atrás, o diez? Definitivamente no. Guardaba esos sueños secretos encerrados muy bien donde nadie pudiera considerarlos extraños o juzgarme por ellos, y donde, a propósito, nunca verían verdaderamente la luz del día ni tendrían una oportunidad de manifestarse. Los talentos y habilidades son como cualquier otra cosa viva: no pueden desarrollarse en la oscuridad.

Quizá lo que yo hice no tiene sentido para ti. Si parece algo extraño ocultar tus sueños, voy a suponer que nunca has trabajado en mi industria ... o que no has experimentado a provocadores desgarrando tu carácter dentro de los límites de una publicación en Facebook. Déjame decirte que hay que tener una piel muy dura para ignorar las cosas mezquinas que la gente dice en la Internet y, como un callo, esa piel dura solamente crece cuando ha sido desgarrada algunas veces y se ha curado volviéndose más fuerte que antes.

Me tomó años tener la valentía de hablar abiertamente sobre mis sueños.

Comencé por primera vez a escribir un blog cuando llevaba cuatro años dirigiendo una exitosa firma de organización de eventos en Los Ángeles, produciendo fiestas bonitas y ceremonias de boda elaboradas yo sola. Estaba profundamente extenuada. Es glamuroso asistir a eventos de millones de dólares, pero resulta brutal producirlos. Al final de mi cuarto año no estaba segura de querer continuar, pero había comenzado ese blog. En aquella época, el blog estaba teniendo mucho éxito, y todo el mundo se encontraba involucrado en ello, así que decidí intentarlo.

Fue algo atroz.

Literalmente escribía sobre lo que cenaba la noche antes. Parecía que había tomado mis fotografías en un cuarto oscuro con una cámara desechable, lo cual no estaba muy lejos de la verdad, y sinceramente, nadie se interesaba por leerlo. Igual que en casi cada parte de mi carrera emprendedora, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Sin embargo, hermana, déjame decirte en este momento que en la ausencia de experiencia o conocimiento, ¡la determinación establece la diferencia entre donde estás y adónde quieres llegar!

Cuando comencé a reducir mi enfoque y a ser más coherente con mi contenido, comenzó a surgir un tema para mi blog, y finalmente mi negocio. Quería enfocarme en la búsqueda de una vida más hermosa y una existencia más feliz. Comencé a obtener un poco de seguimiento y a captar cierta atención. Entonces recibí algunas ofertas. ¿Podía hablar sobre la decoración para Acción de Gracias en las noticias matutinas locales? ¡Claro que podía!

¿Consideraría incorporar esta marca de huevos a una receta en mi página web por doscientos cincuenta dólares? ¡Tienes toda a razón, seguro que lo haría! ¿Podría ponerme esos zapatos en una próxima publicación en Instagram a cambio de una tarjeta regalo Visa de cien dólares? ¡Por supuesto que sí!

Las ofertas seguían llegando regularmente, y aunque ni siquiera se acercaban a lo que yo ganaba como organizadora de eventos, ¡había oro en ellas! Las marcas tenían dinero para gastar, y buscaban gastarlo con personas como yo. De manera lenta, pero firme, recibí durante los diecinueve meses siguientes un flujo de beneficios por el blog y fui aceptando cada vez menos clientes hasta que pude hacer la transición por completo. Para entonces, había pasado a tener a una persona interna a media jornada como mi única fuente de ayuda, y cuando decidí enfocarme por completo en el blog, sabía que necesitaba a algunos profesionales. Las metas para mí misma siempre han sido elevadas, incluso si no me sentía cómoda al hablarles a las personas acerca de cuáles eran. No sabía cómo jugar a lo pequeño en nada. Una imaginación excesiva además del deseo de toda la vida de demostrar mi valía por medio del logro significa que siempre tengo como meta el sol.

¿Conoces la expresión «Ve a lo grande o vete a casa»? Yo nunca me voy a casa.

Si para mi cumpleaños me regalas un cachorro de perro salchicha, voy a ... bueno, número uno, voy a quedar sorprendida. Nunca he tenido un perro salchicha, de modo que no estoy segura ni siquiera de lo que significa ese regalo, pero lo aceptaré de todo corazón. Le pondré un nombre elegante, como Reginald Wadsworth, el octavo Duque de Hartford, y no pasará mucho tiempo hasta que esté imaginando construir una pequeña granja fuera de Phoenix donde pueda criar a mi perro salchicha campeón para competir.

El punto es ...

En cuanto decidí desarrollar la parte del blog en el negocio, sabía que necesitaba a un equipo para ayudarme a hacerlo. Contraté a editores que me ayudaran a escribir y a fotógrafos para tomar las fotos más bonitas, y a una asistente para dirigir mi oficina. A medida que aumentó nuestro contenido, también lo hizo la base de seguidores. Trabajamos duro y prestamos atención a las tendencias, y a medida que fue creciendo la audiencia, también lo hicieron los beneficios. Era fantástico. Se trataba de una empresa construida sobre mi reputación y, en última instancia, del ideal que esos seguidores habían creado acerca de mí.

Permíteme dar aquí un paso al lado y explicar algo sobre las celebridades o personas inf luyentes en las redes, de las cuales yo no entendía en ese momento. Ahora, mientras escribo este libro, tengo más de un millón de seguidores en las redes sociales. Sin embargo, en ese punto tan temprano en la historia de mi negocio probablemente tenía diez mil seguidores en Facebook, e Instagram no existía aún. A pesar de eso, lo que ocurre con cualquier tipo de fama es tan cierto hoy en día como lo era en aquel entonces, y es lo siguiente: tú no me conoces. Solamente conoces la percepción que tienes de mí. Lo mismo es cierto para La Roca, Oprah, una Kardashian o el presidente. Incluso cuando alguien es todo lo transparente posible (y argumentaría que, entre fotografías que se hicieron virales de mis marcas de estrías y mi último libro en el que admitía todo, desde abusar del alcohol hasta ser mala en el sexo, tenía una vida pública muy transparente), incluso entonces no conoces a la persona real. No debido a que la persona sea necesariamente reservada, sino porque la percibes con los lentes que tú has creado.

Así que, por ejemplo, si comenzaste a seguirme por primera vez en Instagram debido a una fotografía de mí misma luciendo con mucho estilo, podrías pensar que soy una persona con estilo y que sigue las tendencias. Si te subiste al barco durante la explosión mencionada anteriormente de la fotografía con las marcas de las estrías, entonces podrías identificarte conmigo como madre o alguien que ha batallado con problemas de imagen corporal. Cualquier cosa que percibas sobre mí (o sobre cualquiera a quien no conozcas verdaderamente) tiene mucho más que ver con el molde en que tú nos has metido que con quiénes somos en realidad. Esto es totalmente natural y correcto, a menos que esa persona a la que admiras salga fuera del molde en el que la has metido.

Para mí, ese molde era la maternidad. Y aquí es donde entra en juego toda esa doble vida que mencioné antes.

Yo tenía una legión de seguidoras que eran mamás (y las sigo teniendo hasta la fecha), pero en aquel momento no había hablado públicamente sobre mi grupo. No era que estuviera avergonzada; sencillamente estaba tan enfocada en crear contenido que nunca me detenía a explicar cómo había llegado al mundo todo aquello. Suponía que todas entenderían que debía tener ayuda. Estaba creando seis publicaciones en el blog completamente producidas cada semana y tenía dos hijos pequeños. ¡Claro que debía contar con ayuda! No obstante, por la razón que fuera, eso no era obvio para la mayoría de las personas, y cuando se dieron cuenta de cuál era la verdad, algunas de ellas se enojaron. Y con rudeza. Ni siquiera recuerdo a qué se debió, pero sé que fue una publicación en Facebook en la que hablé sobre ser una mamá. En los comentarios, alguien preguntó de dónde sacaba el tiempo para «hacerlo todo». Ni siquiera se me ocurrió mentir.

«Ah, yo no lo hago todo», tecleé despreocupadamente. «Mi esposo está realmente involucrado, y tenemos una niñera que ayuda con los niños mientras estoy trabajando».

La Internet explotó.

«¿Qué tipo de madre permite que otra persona eduque a sus hijos?».

«¡Solamente una bruja egoísta escogería el trabajo antes que a la familia!».

«Debe ser bonito dar vueltas por ahí todo el día mientras otra mujer educa a tus hijos».

Las fuertes críticas fueron inmediatas e intensas. Algunas seguidoras se desalentaron al saber que yo tenía ayuda para producir el contenido. Muchas mujeres quedaron muy decepcionadas de que tuviera un empleo fuera del hogar. Otras estaban furiosas porque tenía una niñera. Al mirar en retrospectiva, puedo entender que ellas me habían percibido como una mamá que no trabajaba fuera de casa, probablemente porque eso eran ellas. Tendemos a ver a las personas no como son, sino como somos nosotros. Cuando yo salí fuera del molde que ellas habían construido para mí, se sintieron engañadas o consideraron que les había mentido.

Yo quedé devastada.

No podía manejar que la gente estuviera tan molesta conmigo. No me importaba que fueran unas absolutas desconocidas. No me importaba que las críticas se produjeran en los comentarios de una publicación en Facebook. Estaba destrozada. ¿Recuerdas cuando era niña? ¿Recuerdas a Dientes de Tiburón? Bueno, ella aún quería desesperadamente pertenecer, y aborrecía la idea de que alguien pudiera estar enojada con ella.

Sinceramente, parece estúpido al mirar en retrospectiva, porque yo estaba muy lejos de ser aquella joven insegura (¡gracias, terapia!). Sin embargo, esto hizo que volviera a cuestionarme todo lo que hacía y decía públicamente. Había un puñado de temas que sabía que harían enojar a la gente, así que dejé de mencionarlos por completo. El trabajo, el espíritu emprendedor, mi equipo, tener una niñera o una ayudante en la casa, los viajes de negocios ... todo ello se convirtió rápidamente en tabú. Me enfoqué en lo que le gustaba a la gente. Fotografías dignas de Pinterest sobre cómo organizar cosas, consejos sobre la educación de los hijos, sugerencias para ejercicios y recetas de pasteles gobernaban el día. Trabajé mucho y sin descanso durante años para hacer crecer y escalar mi empresa, pero si me preguntaras en aquel momento lo que hacía para ganarme la vida, te habría dicho modestamente que tenía «un pequeño blog».

(Continues…)


Excerpted from "Amiga, Deja De Disculparte"
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Copyright © 2019 Rachel Hollis.
Excerpted by permission of Grupo Nelson.
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Table of Contents

Introducción: Y si, ix,
PARTE I: EXCUSAS DE LAS CUALES DESHACERNOS,
EXCUSA 1: Eso no es lo que otras mujeres hacen, 3,
EXCUSA 2: No soy una persona orientada a las metas, 18,
EXCUSA 3: No tengo tiempo, 23,
EXCUSA 4: No soy suficiente para tener éxito, 33,
EXCUSA 5: No puedo perseguir mis sueños y seguir siendo una buena mamá/hija/empleada, 47,
EXCUSA 6: Le tengo terror al fracaso, 60,
EXCUSA 7: Ya se ha hecho antes, 68,
EXCUSA 8: ¿Qué pensarán?, 75,
EXCUSA 9: Las chicas buenas no alborotan, 86,
PARTE II: CONDUCTAS A ADOPTAR,
CONDUCTA 1: Dejar de pedir permiso, 97,
CONDUCTA 2: Escoger un sueño y apostarlo todo, 106,
CONDUCTA 3: Abrazar tu ambición, 120,
CONDUCTA 4: ¡Pedir ayuda!, 125,
CONDUCTA 5: Construir fundamentos para el éxito, 135,
CONDUCTA 6: Dejar de permitir que los demás nos convenzan para no hacerlo, 153,
CONDUCTA 7: Aprender a decir no, 161,
PARTE III: HABILIDADES A ADQUIRIR,
HABILIDAD 1: Planificación, 169,
HABILIDAD 2: Confianza, 184,
HABILIDAD 3: Persistencia, 200,
HABILIDAD 4: Eficacia, 206,
HABILIDAD 5: Positividad, 217,
HABILIDAD 6: Dirige tu barco, 222,
Conclusión: ¡Caramba, cree en tu yo!, 229,
Reconocimientos, 233,
Acerca de la autora, 235,

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